Galíndez o el crimen perfecto de los hermanos Dulles.
Por Aquiles
Julián
El plan que
urdieron fue ingenioso y para implementarlo usaron a sus mejores operativos
externos, estructuras creadas mañosamente para saltarse el acuerdo logrado a lo
interno de Estados Unidos para el surgimiento de la CIA que les impedía operar dentro
del país, en aquella porfía por el control que mantenían con Edgar J. Hoover,
el poderoso zar del FBI.
SÓLO
ALLEN DULLES ERA CAPAZ DE INVOLUCRAR A SUS MEJORES AGENTES PARA TAREAS SUCIAS
En su
plan siniestro estaba el provocar y manipular a un estrafalario dictadorzuelo antillano,
egocéntrico y lleno de ínfulas y delirios de grandeza, que se enseñoreaba sobre
una islita caribeña, dado al crimen y al servilismo, con el cual
accidentalmente pudieron conectar a través de uno de sus operativos más duchos
en tareas sucias. Y para implementar el plan recurrieron a sus más señeros
operativos externos: Robert Maheu, Horace McMahleen y John Joseph Frank.
Y sobre
todo, contaron con todo el apoyo de los periodistas y medios comprometidos en
la Operación Sinsonte (Mockingbird), entre los que sobresalió un agente: Stanley
Ross, antiguo director del periódico trujillista El Caribe, cuyo rol en la
desaparición de Galíndez es transparente, ya que contribuyó al ocultamiento,
siendo editor de El Diario de New York.
Filtraciones
a la revista Life y todo un escándalo programado para fijar los
reflectores y las sospechas sobre el entorchado y ridículo tiranuelo dominicano
dado a los uniformes rimbombantes y a la crueldad gratuita, ayudaron a desviar
la atención sobre los reales autores del secuestro y entrega a Rafael L.
Trujillo del activista vasco.
Y esa complicidad
ha contado con el apoyo de periodistas, investigadores e historiadores, algunos
engañados de buena fe por el aparato mediático puesto en marcha y otros
partícipes conscientes del encubrimiento, pese a las flagrantes evidencias de
que se trató de un secuestro orquestado y realizado por la CIA en territorio
norteamericano, con una cuota de sangre inocente norteamericana en crímenes
contra sus propios ciudadanos cometidos por operativos de la CIA para encubrir
la operación, que aún hoy se mantiene.
Todavía, a
tantos años del suceso ocurrido en 1956, la CIA se niega a a hacer del dominio
público los documentos que en sus archivos revelan la realidad del secuestro de
Jesús de Galíndez. Y puede que cuando se haga, sean documentos adulterados,
manipulados, falsa evidencia, para sostener la mentira que durante décadas han
hecho creer.
EL MIEDO
A LA CIA CONTINÚA VIVO
Supongo
que el miedo a enfrentar los poderes fácticos pervive. Personas y estructuras
capaces de violentar toda ley, toda decencia, todo principio honorable, en pro
de cometer un crimen y ocultarlo, siguen operando en el mundo y teniendo altas
cuotas de poder.
Ni
siquiera los vascos han podido llegar a las causas reales del secuestro y
asesinato de su representante en Estados Unidos. En Rep. Dominicana, en donde
muchos apellidos sonoros se vieron implicados en el ocultamiento del crimen y
algunos en su ejecución, el entonces presidente Joaquín Balaguer mandó quemar
el crítico legajo del crimen de Galíndez, para borrar su participación en la operación
de diversión montada para disimular el asesinato del activista vasco.
Aunque
los Dulles organizaron el crimen perfecto: secuestrar y entregar para que lo
asesinen a un excolaborador de su país y descargar la responsabilidad tota de
su secuestro y la muerte sobre un tiranuelo servil dado al crimen y al abuso, quien
lo ejecutó, hay rastros, indicadores, hilachas desprendidas que, al unirlos,
permiten ver un cuadro distinto al que la verdad oficial ha querido mostrarnos.
LOS
VERDADEROS AUTORES DEL SECUESTRO
Galíndez
no fue secuestrado por Trujillo, sino por operativos a sueldo de la CIA por
orden de Allen Dulles, que luego protegió a uno de ellos, el coordinador del
secuestro, John Joseph Frank, consiguiéndole una práctica absolución por su
crimen.
Y en su
ejecución se implicaron Richard Nixon, entonces vicepresidente de Estados
Unidos, el crimen organizado y el aparato mediático manipulado por la CIA para
desviar la atención hacia los operativos internos y hacernos creer que fueron
agentes de una islita caribeña los que planificaron y llevaron a cabo el
secuestro.
Hay que
tener poco seso para creer eso.
Sobre
todo, porque Horace Schmahl, Robert Maheu y John Joseph Frank no eran unos
cualquiera, sino parte del equipo élite creado por Dulles para hacer
operaciones internas en Estados Unidos sin que Edgar J. Hoover y el FBI
pudieran reclamar que violaban los acuerdos que establecían que la CIA podía
operar fuera de Estados Unidos, pero que el contraespionaje en territorio
norteamericano era parte de las tareas del FBI.
Dulles
creó esas oficinas externas para poder decir que eran particulares los
implicados, no agentes a sueldo de la CIA (pese a que Maheu recibía un estipendio
mensual de parte de la agencia), si eran sorprendidos en sus tropelías.
UN VIAJE HACIA
LA VERDAD DEL PLAGIO
Recreemos,
hasta donde sea posible, este crimen que tuvo consecuencias importantes en Rep.
Dominicana, ya que, entre otras, creó la condición para el ajusticiamiento de
Trujillo en 1961.
Para
hacerlo hay que conocer a sus instigadores y actores: los Dulles, un par de
abogados filonazis que embarcó a su país en aventuras que perjudicaron seriamente
a los Estados Unidos; Nixon, su delfín, al
que impulsaron y con quien pensaban controlar el poder político en su país, y
como se relacionaron; la relación de los Dulles y Nixon con el crimen
organizado; los operativos de la CIA que
ejecutaron el crimen: Robert Maheu, Horace Schmahl y John Joseph Frank sobre todo, y cómo se
involucraron con Trujillo y el plan por el cual se provocó al dictadorzuelo
caribeño para que sirviera a los planes de los Dulles, así como algunos participantes
locales cuya conducta es más que sospechosa de colaborar con la CIA, entre
ellas la del general Arturo Espaillat Rodríguez, alias Navajita, cuya relación
con la CIA posiblemente comenzó en 1954 cuando compartió camarote con John
Joseph Frank y fue probablemente reclutado por este para la agencia.
He aquí
otra versión, más plausible y menos complaciente o comprometida con los que han
promovido una versión impostora y acomodaticia de la verdad, del secuestro y
asesinato de Jesús de Galíndez.

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